
Losar: Un viaje al corazón del año nuevo tibetano
En este espacio, donde convergen mis reflexiones y descubrimientos, hoy te invito a un viaje hacia el corazón del Himalaya. Exploraremos el Losar, el Año Nuevo tibetano, una celebración que trasciende el tiempo y nos invita a reflexionar sobre la renovación y el ciclo eterno de la vida. Acompáñame en este recorrido por la sabiduría ancestral y la belleza de una tradición milenaria.

El Losar, esa palabra que resuena en las alturas del Tíbet, es mucho más que un simple cambio de calendario. “Lo”, el año que se despliega ante nosotros; “sar”, la frescura de un nuevo comienzo. Es la celebración que marca el pulso de la cultura tibetana, un rito de purificación donde el pasado y el futuro se entrelazan.
El entramado del tiempo: reyes, ciclos y la rueda de la vida
El calendario tibetano, una joya de sabiduría ancestral, nos invita a reflexionar sobre la naturaleza del tiempo. No es una línea recta, sino un ciclo eterno, una danza entre la luna y el sol. Cada año, una pieza más en el mosaico que se inició en el 127 a.C., cuando Ñatri Tsenpo, el primer rey, fundó la dinastía Yarlung. Y siglos después, Songtsen Gampo, un visionario, iluminó el camino del budismo.
Los años se agrupan en ciclos de 60, los rabyung, como olas que rompen en la orilla del tiempo. Cada año, un animal y un elemento se unen en una coreografía cósmica: el conejo, el dragón, la serpiente, el fuego, la tierra, el hierro… Una recordatorio de que somos parte de un todo, de un universo en constante movimiento.
Estos son los últimos años:
• 2020 (2147), el Ratón de Hierro
• 2021 (2148), el Buey de Hierro
• 2022 (2149), el Tigre de Agua
• 2023 (2150), el Conejo de Agua
• 2024 (2151), el Dragón de Madera
• 2025 (2152), la Serpiente de Madera
El instante suspendido: cuando el tiempo se detiene y respira
El Losar no se rige por la rigidez del calendario gregoriano. Flota en el río del tiempo lunar, invitándonos a detenernos, a respirar, a contemplar el misterio de la renovación.
En la vorágine de la vida moderna, donde el tiempo se mide en segundos y las agendas dictan el ritmo, el Losar nos invita a un paréntesis, a un respiro profundo. No se trata simplemente de un cambio de fecha en el calendario, sino de una pausa consciente, un momento para desconectar del ruido exterior y conectar con nuestro interior.

Imagina por un instante el silencio del Himalaya, la inmensidad del cielo estrellado, la sensación de pequeñez ante la grandeza de la naturaleza. En ese contexto, el tiempo adquiere una dimensión diferente, se vuelve cíclico, eterno. El Losar nos invita a sintonizar con ese ritmo, a dejar que el pasado se desvanezca y a abrirnos a la posibilidad de un nuevo comienzo.
Es un instante suspendido, un limbo entre el año que termina y el que comienza, un espacio para la reflexión y la introspección. Nos invita a preguntarnos: ¿Qué quiero dejar atrás? ¿Qué sueños quiero cultivar? ¿Qué cambios quiero realizar en mi vida?
En ese silencio, en esa pausa, encontramos la claridad para ver con nuevos ojos, la fuerza para soltar lo que nos pesa y la inspiración para trazar nuevos caminos. El Losar nos recuerda que el tiempo no es un enemigo que nos persigue, sino un aliado que nos ofrece la oportunidad de reinventarnos, de renacer, de volver a respirar.
Rituales de purificación: un viaje hacia el interior
Un mes antes del Losar, los tibetanos se entregan a la limpieza, un acto sagrado que va más allá de lo físico. Es una purificación del alma, un momento para saldar deudas, para dejar ir lo que ya no sirve, para preparar el terreno para lo nuevo.
La noche anterior al Año Nuevo, la sopa gutuk reúne a las familias, un ritual de comunión y despedida. Los restos de la sopa, cargados de negatividad, son arrojados a los cruces de caminos, un acto simbólico de liberación.
Los tres días sagrados del Losar, un peregrinaje hacia la luz:
- Día 1, “Losar Lama”: Al amanecer, los tibetanos honran a sus maestros, ofrecen semillas de cebada a los altares y comparten el changkol, un brindis por la vida.
- Día 2, “Losar Rey”: El Dalái Lama se reúne con los líderes locales, y las familias intercambian visitas y ofrendas, un gesto de amor y conexión.
- Día 3, “Losar Protector”: Los monasterios se llenan de plegarias, ofrendas a los protectores del Dharma y nuevas banderas de oración que ondean al viento, llevando consigo las esperanzas y los sueños del pueblo tibetano.

La celebración se extiende durante 15 días, hasta la primera luna llena, cuando el Chotrul Duchen celebra los milagros de Buda.
El Losar es una pausa en el tiempo, un recordatorio de que la vida es un ciclo de renovación constante. Nos invita a reflexionar sobre nuestro lugar en el universo, a dejar ir el pasado y a abrazar el futuro con esperanza y gratitud.