
La uva, el vino y la historia de nuestros hijos: una invitación a narrar juntos
“La uva y el vino

Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló su secreto:
—La uva —le susurró— está hecha de vino.
Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos.”
De: Eduardo Galeano. “El libro de los abrazos.”
Metáfora tan sencilla como profunda: “La uva está hecha de vino“. Aparentemente ilógico, este mensaje comparte una realidad esencial: la uva contiene en sí misma el potencial para transformarse en vino, su esencia oculta. Galeano extiende esta idea a los seres humanos, sugiriendo que somos “las palabras que cuentan lo que somos”. Nuestras palabras, nuestras historias, son la manifestación de nuestra esencia, de nuestro potencial.
Esta reflexión nos invita a considerar la importancia de la narrativa en la vida de nuestros hijos. Sus historias, las que cuentan y las que les contamos, son los hilos que tejen su identidad, su autoestima y su forma de relacionarse con el mundo. Como padres, tenemos un papel fundamental en la construcción de esa narrativa, en la forma en que nuestros hijos se ven a sí mismos y al mundo que los rodea.
La narrativa personal: un espejo del alma infantil
La historia de vida de un niño no es un relato estático, sino una construcción dinámica que se moldea con cada experiencia, con cada palabra, con cada abrazo. Desde los primeros balbuceos hasta las complejas reflexiones de la adolescencia, nuestros hijos van construyendo un relato sobre quiénes son, de dónde vienen y hacia dónde van.
Esta narrativa personal influye en su autoestima, en su capacidad para afrontar los desafíos, en su forma de relacionarse con los demás. Un niño que se siente protagonista de su propia historia, que se ve a sí mismo como alguien valioso y capaz, tendrá más herramientas para enfrentar las dificultades y alcanzar sus metas. Por el contrario, un niño cuya historia está marcada por la negatividad, la falta de reconocimiento o el sentimiento de impotencia, puede desarrollar inseguridad, baja autoestima y dificultades para relacionarse.
Nuestra influencia: narradores y co-protagonistas
Como padres, somos los primeros narradores en la vida de nuestros hijos. Les contamos historias sobre su nacimiento, sobre sus primeros pasos, sobre sus travesuras y sus logros. Estas historias, contadas y recontadas, se convierten en parte de su identidad, en los cimientos de su narrativa personal.
Pero no somos solo narradores, también somos co-protagonistas. Nuestras palabras, nuestras acciones, nuestras reacciones, todo influye en la forma en que nuestros hijos se ven a sí mismos y al mundo. Un “te Amo”, un “estoy orgulloso de ti”, un “confío en ti”, pueden marcar la diferencia en la construcción de una narrativa positiva y fortalecedora.
Por otro lado, las críticas constantes, la falta de atención, el exceso de exigencia y/ó la invalidación de sus emociones, pueden generar inseguridad, miedo y una visión negativa de sí mismos.
Invitación a narrar juntos: construyendo historias de amor y fortaleza

¿Cómo podemos mejorar nuestro rol como padres en la construcción de la narrativa de nuestros hijos? Aquí algunas sugerencias:
- Escucha activa:
- Presta atención a las historias que tus hijos te cuentan. Escucha con empatía, sin juzgar, sin interrumpir.
- Valida sus emociones y sus experiencias. Demuéstrales que sus historias son importantes para ti.
- Narrativas positivas:
- Comparte historias que resalten sus fortalezas, sus logros, sus cualidades positivas.
- Ayúdales a encontrar el lado positivo de las situaciones difíciles, a aprender de los errores y a superar los obstáculos.
- Coherencia narrativa:
- Asegúrate de que tus palabras y tus acciones sean coherentes con la historia que quieres contar.
- Sé un modelo a seguir en la construcción de una narrativa positiva y constructiva.
- Crear espacios de narración:
- Fomenta la lectura de cuentos y la escritura creativa.
- Crea espacios para compartir historias familiares, para recordar anécdotas del pasado y para soñar juntos con el futuro.
- Apego y narrativa:
- Las historias que contamos a nuestros hijos sobre sus primeros años de vida y nuestras interacciones con ellos, moldean su sentido de seguridad y apego.
- Narrativas positivas y coherentes fomentan un apego seguro.
- Validación emocional: Al escuchar las historias de nuestros hijos, validamos sus emociones y experiencias.
- Esto les ayuda a desarrollar una comprensión de sí mismos y de sus relaciones.

Recordemos la metáfora de Galeano: la uva está hecha de vino. Nuestros hijos están hechos de sus historias, de las historias que les contamos y de las historias que construimos juntos. Seamos narradores y co-protagonistas conscientes, construyendo historias de amor, fortaleza y esperanza.