Entre Gibran y Dostoievski

Entre Khalil Gibrán y Fiódor Dostoievski: Dos Caras del Amor

Angel

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección.” – Antoine de Saint-Exupéry

Un tema que ocupa mi mente en últimas fechas con cierta insistencia es, como no podía ser de otra manera, el Amor (así, con mayúsculas). Puse frente a frente dos visiones muy distantes (entre Gibran y Dostoievski), pero que al conjugarse arrojan bastante luz sobre la manera en que un servidor concibe el regalo del Amor…

Primero citas que fundamentan mis argumentos:

Khalil Gibrán, en “El Profeta“:

Cuando el amor te llame, síguelo;
aunque sus caminos sean arduos y penosos.
Y cuando sus alas te envuelvan, entrégate a él;
aunque la espada escondida bajo su plumaje pueda herirte. 

Cuando el amor te hable, cree ciegamente en él;
aunque su voz derribe tus sueños
como el viento destroza los jardines.

Porque si el amor te hace crecer y florecer,
él mismo te podará. 

Y nunca te creas capacitado para dirigir el curso del amor,
porque el amor si te considera digno de sí,
dirigirá tu curso por los caminos de la vida.

Esto hará el amor en ti
para que conozcas los secretos del corazón. 

El amor no da más que de sí mismo
y no toma más que de sí mismo.

El amor no posee nada
y no quiere que nadie lo posea,
porque el amor, se sacia en el amor. 

Ahora es el turno de Fiódor, en “Los hermanos Karamasov”:

“El dolor más grande que una persona puede soportar no es el hambre, la pobreza o incluso la muerte, sino el amor en un mundo que no reconoce su amor: dar su corazón por completo y recibir sólo vacío y silencio a cambio.

Dentro de nosotros, llevamos una contradicción aterradora: buscamos el amor, pero le tememos; anhelamos la cercanía, pero huimos de él; adoramos al otro, pero dudamos de ellos”.

Entre Gibrán y Dostoievski, las Grandes Diferencias y la Complementariedad

Entre Gibrán y Dostoievski, hay dos visiones del Amor que, a primera vista, parecen irreconciliables. Gibrán, en “El Profeta”, nos habla de un Amor que exige entrega total, un Amor que, aunque pueda herir, siempre busca el crecimiento y la trascendencia. Es un Amor que no posee ni es poseído, un Amor que se sacia en sí mismo. Dostoievski, por otro lado, en “Los hermanos Karamazov”, nos sumerge en la angustia del Amor no correspondido, en el dolor de dar el corazón y recibir a cambio vacío y silencio.

Entre Gibran y Dostoievski

Para Gibrán, el Amor es una fuerza divina que guía y transforma, un camino hacia la sabiduría y la conexión espiritual. Para Dostoievski, el Amor es un campo de batalla emocional, donde la vulnerabilidad y el sufrimiento son inevitables. Mientras Gibrán nos invita a entregarnos al Amor con fe ciega, Dostoievski nos advierte sobre los peligros de amar en un mundo que no siempre reconoce ese Amor.

Sin embargo, estas dos visiones no son mutuamente excluyentes. De hecho, se complementan de manera profunda. Como padres, sabemos que el Amor por nuestros hijos es una entrega total, un Amor que nos exige paciencia, sacrificio y comprensión. Pero también sabemos que ese Amor puede ser fuente de dolor, de preocupación, de noches en vela y de lágrimas. Por otro lado, como enamorados, las espinas en nuestro corazón a veces nos alejan del Amor incondicional, nos acercan más a la visión de Fiódor… a veces por sana precaución, a veces por heridas abiertas que aún no sanan.

Entre Gibrán y Dostoievski, nos enseñan que el Amor es un viaje complejo y multifacético. Podemos amar con la entrega de Gibrán, confiando en el poder transformador del Amor, pero también debemos estar preparados para la angustia de Dostoievski, para la posibilidad de que nuestro Amor no sea correspondido o comprendido.

Entre Gibran y Dostoievski

Para un enamorado, estas dos perspectivas son esenciales. Gibrán nos inspira a amar con valentía y generosidad, a abrir nuestro corazón sin reservas. Dostoievski nos recuerda la importancia de la empatía, de comprender el dolor ajeno y de no dar por sentado el Amor que recibimos.

Como padres, debemos enseñar a nuestros hijos a amar de esta manera: con entrega y compasión, con valentía y empatía. Debemos enseñarles que el Amor no es un cuento de hadas, sino un camino lleno de desafíos y recompensas. Debemos enseñarles a amar sin miedo, pero también a proteger su corazón.

Entre Gibrán y Dostoievski, nos muestran que el Amor es la fuerza más poderosa del universo, capaz de transformar vidas y de construir un mundo mejor. Pero también nos recuerdan que el Amor es frágil, vulnerable, y que debemos cuidarlo con ternura y respeto.

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